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50 Aniversario

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Oye mi canto: ¡el gazpacho!
Novelda del Guadiana cumple 50 años.
En el Boletín Oficial del Estado de 7 de Abril de 1952 se aprobaba el Plan de Obras de Colonización, Industrialización y Electrificación de la provincia de Badajoz, para la transformación y puesta en riego de 140.000 hectáreas de secano en las vegas del río Guadiana; es lo que conocemos como El Plan Badajoz.
Dicho Plan perseguía mitigar la aridez que desde siglos padecía el secano extremeño, transformando en regadío terrenos dedicados a pastos y cultivo de cereales de los grandes latifundios situados en ambos márgenes del río Guadiana. Para ello, era necesario embalsar grandes cantidades de agua en las presas recién construidas en la parte alta del curso del río (Cíjara, García Sola, Orellana, Zújar, etc.), mediante un complejo sistema de canales y acequias, llevando el agua hasta las parcelas de cultivo desde el nordeste de Badajoz y sur de la provincia de Cáceres, hasta casi la frontera de Portugal. Se arrancaron miles de Has. de encinas, con inmensas nivelaciones para facilitar el riego; se construyeron caminos, carreteras, acequias, canales... convirtiendo los secos campos en fértiles tierras de regadío. El objetivo era implantar, casi 20 años más tarde, los planes de riego y los proyectos de transformación del secano que D. Indalecio Prieto, como ministro de Obras Públicas, había diseñado en la 2™. República y que los avatares políticos y económicos de la década de los años 30 impidieron poner en marcha.
Las numerosas obras hidráulicas, y la puesta en riego de los campos de la Baja Extremadura, trajeron consigo la construcción de una serie de poblados de colonización donde asentar a jornaleros sin tierra y pequeños propietarios, a familias desfavorecidas de los pueblos de secano, para que pusieran en producción y cultivaran estos campos transformados en regadío. Hasta un total de 30 pueblos se construyeron en ambos márgenes del río Guadiana: Gévora del Caudillo, Valdebótoa, Sagrajas, Novelda del Guadiana, Pueblonuevo del Guadiana, Guadiana del Caudillo, Valdelacalzada, Barbaños, Torrefresneda, Valdehornillos, Hernán Cortés, etc., son algunos de ellos. El tramo del río Guadiana que va desde Mérida hasta Badajoz sería Vegas Bajas y, desde ésta hacia la cabecera de los pantanos, Vegas Altas.
En Novelda del Guadiana, cuatro años después de aprobarse los planes de colonización, se asentaban en Septiembre de 1956, 120 familias de colonos y obreros.
Novelda, tiene ahora 930 habitantes, pero llegó a tener a principios de los años 60 hasta 1.200. Se encuentra situado entre Badajoz y Montijo, a 19 Km. del primero y 20 del segundo, junto a la carretera 537, que fue trazada para unir estas poblaciones y facilitar la salida de los productos agrícolas del regadío.
Novelda se construyó en la segunda fase de Vegas Bajas, conjuntamente con Gévora y Sagrajas. Lo curioso es el lugar que se decidió para su construcción, está situado justo donde la Calzada Romana se divide en dos. Además, la calle principal de Novelda fue nombrada calle Calzada, porque es la misma Calzada Romana.
Las parcelas que se adjudicaron provienen de la expropiación forzosa, por parte del Instituto Nacional de Colonización, del Cortijo de Sagrajas, propiedad del Conde de Elda. Fueron en total 115 parcelas de 4 ó 5 Has., que se entregaron a los colonos y 70 huertos de 1/2 Ha., para los obreros. Debe su denominación a un Ingeniero Agrónomo al que le dieron la opción de elegir nombre. Al ser nativo de Novelda (Alicante), consideró conveniente éste con el apellido de Guadiana: a partir de entonces este pueblo sería conocido como Novelda del Guadiana. El pueblo, conjuntamente con los anteriores, fue inaugurado por Francisco Franco, aunque éste, en dirección hacia Montijo, no llegó ni siquiera a bajarse del vehículo oficial. Saludó a través de la ventanilla del coche a los colonos que lo esperaban a la entrada del pueblo, concluyendo de esta forma su visita, para asombro de todos los asistentes.
El pueblo de Novelda se terminó de construir en el mes de Septiembre del año 1.956. A finales de mes y principios de Octubre empezaron a llegar los colonos. Se instalaron 120 familias que procedían de diferentes lugares, como Monesterio, Usagre, Campanario, Esparragosa de Lares, Alconchel, Barcarrota, Valverde de Llerena, Cabeza del Buey, etc.
La selección la llevó a cabo las Hermandades de Labradores y Ganaderos de estos pueblos entre aquellos jornaleros necesitados, campesinos humildes de pocos recursos, con más dificultades económicas, de mayores cargas familiares, etc. Los elegidos tuvieron que realizar un curso de formación que duraba tres meses en la Granja Escuela Ntra. Sra. de Botoa, situada en las afueras de Badajoz, junto a la carretera de Mérida, donde se les impartía enseñanzas y conocimientos del regadío. El objetivo era que, una vez se le adjudicaran las parcelas de riego, pudieran realizar labores agrarias con conocimiento de las técnicas de los nuevos cultivos. Tenemos que tener presente el cambio notorio que suponía para ellos el regadío con respecto al secano para el que se necesitaba, aparte de conocimientos, también un cambio de mentalidad. En dichos cursos tenían pagados el viaje y la estancia, se les entregaba ropa de trabajo (mono y boina) e incluso se les gratificaba por el jornal que devengaban.
Los primeros colonos llegaron a Novelda el 26 de Septiembre de 1956. Las casas no estaban del todo terminadas, en algunas de ellas los carpinteros se encontraban aún dando los últimos retoques. Las viviendas de los colonos eran de una o dos plantas, y se adjudicaban según el número de familiares. Constaban de dos o cuatro habitaciones, algunas con un pequeño porche a la entrada, y edificadas sobre un solar de 450 m2. Fachadas blancas, cubiertas con teja árabes, ventanas enrejadas, cocina con hornilla de carbón y aseo con tan sólo la taza del sanitario. Completaba la vivienda un espacioso patio y las cuadras para albergar el ganado.
Casas blancas, relucientes, de buen diseño constructivo, enmarcadas en calles de un singular trazado rectilíneo, configurando un pueblo blanco, donde destaca su plaza central con los típicos soportales en la que se encuentra la Casa Consistorial y demás dependencias administrativas. Los setos de rosales y flores abundan por todo el pueblo, cuidados con mimo y esmero. Naranjos amargos, perfectamente alineados, bordean los acerados de casi todas las calles. Rodeando al pueblo un bosquete de cinamomos y moreras a modo de anillo verde, imprimen un toque forestal a todo el conjunto.
Algunos llegaron a Novelda en camiones alquilados, otros en carros, cada familia como pudo, donde cargaron los pocos enseres de los que disponían en sus casas. En los huecos que quedaban, se metían los miembros de la familia. Todos tenían ganas de conocer Novelda; de saber cómo era la nueva vida que les esperaba, pero por otro lado les invadía una enorme pena por dejar sus pueblos de origen, a sus parientes, a sus amigos.
Cuando llegaron los primeros colonos no estaban aún terminadas las escuelas, por lo que hasta el año 57 no se incorporaron los niños al curso escolar. Las viviendas no disponían de luz eléctrica, pues no habían concluido todavía las obras de electrificación, por lo que fue necesario en los primeros meses utilizar el carburo y el candil. Después se conectó la corriente a las casas, tardando aún un par de años para que hubiera fluido en el alumbrado público.
A los nuevos colonos se les entregó conjuntamente con la parcela de regadío de 4 ó 5 Has., vivienda, una yunta de vacas para las labores agrícolas, una yegua y una vaca de leche. La parcela y la casa tenían que pagarla en "cómodos plazos " de 20 años, aunque se ampliaron posteriormente hasta los 45 años. La vaca y la yegua se amortizaban entregando al Instituto Nacional de Colonización una cría hembra de 2 años de edad. Si nacía macho, entonces era necesario entregar el 1% del valor de su venta.
El primer año comienzan a realizar la sementera con cereales de invierno (cebada y trigo). El verano siguiente dedicarían la siembra al cultivo de tomates, pimientos, maíz, etc., cultivos típicos de los regadíos del Plan Badajoz. Las labores se realizaban con la yunta de vacas que les habían adjudicado. El Instituto Nacional de Colonización, en los primeros años, les entregaba el abono y las semillas. A cambio, de los cultivos de trigo, algodón y maíz, que eran los productos de más valor, debían entregar el 60% de la cosecha. Del tomate, cebada y pimientos, el 1% de su valor.
Cuando adjudicaban las casas, los colonos intentaban asentarse cerca de algún conocido, pues desconocían al resto de los nuevos inquilinos, por lo que las consultas, las charlas en las tabernas, la ayuda en las parcelas, etc., al principio, por la falta de confianza, se daba entre los conocidos del mismo pueblo. La verdadera convivencia e integración se produjo cuando los hijos de los colonos comenzaron a casarse: fue entonces cuando se materializó la mezcla de gentes provenientes de diversos lugares, y fue entonces cuando fueron desvinculándose de sus pueblos de origen.
Todas las actuaciones de los colonos eran supervisadas de manera muy estricta por el personal del Instituto Nacional de Colonización, que en cada poblado de regadío disponía de peritos agrícolas, encargados de paradas de sementales, acequieros, cobradores, etc., que se encargaban de que la disciplina, las normas y las directrices se cumplieran fielmente. Hubo colonos que por no adaptarse o no cumplir las órdenes dadas, fueron devueltos de nuevo a sus poblaciones de origen. De vez en cuando los colonos se alineaban con los animales a lo largo de la plaza para pasar revisión. Se fijaban si estaban limpios, bien alimentados, etc., en definitiva si eran cuidados tal como les habían indicado. De no ser así, se ganaban una reprimenda delante de todo el mundo. Esta disciplina era una forma de poner orden, de fijar un modelo de comportamiento que se hiciera extensible a todos los colonos.
Cuando llegaron, todos los colonos decidieron celebrar una misa de bienvenida. Ante tal asistencia de público, la ceremonia tuvo que celebrarse al aire libre, en los soportales de la plaza, donde está el Ayuntamiento. La ofició el cura de Monesterio, D. Manuel Carrasco, que se desplazó expresamente para este acto.
Para evitar disputas, puesto que cada colono tenía una procedencia distinta, decidieron que la patrona de Novelda fuera Ntra. Sra. Santísima Virgen de Guadalupe, patrona de Extremadura.
Al comienzo, todas las labores se realizaron con tracción animal. El Instituto Nacional de Colonización disponía de cuatro tractores, que en régimen de alquiler, podían ser utilizados por los colonos. El regadío fue rentable mientras los productos del campo valieron dinero. Hubo unos años en los que el maíz, los tomates, pimientos, etc., así como el vacuno de leche, tenían rentabilidad suficiente para poder vivir una familia de una parcela de 4 ó 5 Ha. Pasaron en pocos años de realizar las labores con una yunta de vacas y coger el maíz a mano, a disponer de potentes tractores y recogerlo en cosechadoras. Esto provocó un aumento espectacular de las producciones, pero una disminución muy fuerte de la mano de obra que, ante la falta de industrias agroalimentarias, dio lugar a finales de los 60 y principios de los 70 a que muchos hijos de colonos tuvieran que tomar el camino de la emigración como única salida.
Hoy, en la entrada del pueblo hay una pequeña pero hermosa plaza, remodelada recientemente, flanqueada de naranjos amargos y de arriates repletos de flores. En el centro de ella se encuentra un sencillo monolito de granito donde sobre una placa de fundición están grabados los nombres de los fundadores del pueblo. Los nombres de los colonos que llegaron un 26 de Septiembre de 1956, que con su tesón y esfuerzo hicieron posible que las áridas tierras de los latifundios de la Vega Baja del Guadiana se llenaran de vida y de progreso con el regadío. En la parte trasera, aparecen los obreros y el personal dependiente del Instituto Nacional de Colonización que estuvieron unidos trabajando con los colonos en esta tarea (obreros, peritos, veterinarios, ingenieros jefes, maquinistas, etc.). Fue el homenaje que el Ayuntamiento de Badajoz, del que depende como pedanía Novelda, tributó a estos hombres un 26 de Septiembre de 1998, 44 años después de su llegada al pueblo.
Novelda en verano parece que se encuentra en primavera, rodeada de verdes campos de maíz, tomates, frutales de hueso y pepita, remolacha, girasol, etc. época de recolección, de riegos, de máximo trabajo. Un regadío completamente tecnificado, que no tiene nada que ver con el de los primeros momentos. Enormes tractores con remolques, cosechadoras de tomates en plena faena, riegos por goteo, totalmente automatizados, en los frutales, abonos, semillas y técnicas de cultivo que están a la última.
En verano, cuando cae la tarde, el calor se hace más soportable; a lo lejos se escucha el ruido de los tractores que provenientes de las parcelas regresan al pueblo. Sigue la humedad en el ambiente, el olor a verde, a hierba recién segada. Algunos mayores ocupan los bancos de forja que flanquean las plazas que tiene el pueblo. Los niños con las bicicletas corretean por las calles, otros juegan en las plazas.
Novelda del Guadiana vive.
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