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Memorias de Don Luis

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Oye mi canto: ¡el gazpacho!
Entre los años 1987 y 1988 la UPB (Universidad Popular de Badajoz) programó la edición de un periódico Local que llamó "NOVELDA, Revista mensual". Hoy en día ese periódico ya no existe.
En el nº. 4 de Julio de 1988, en el apartado titulado "HISTORIA DEL PUEBLO", incluyen las memorias, por jubilarse ese año, de Don Luis Díez de Baldeón Calvo que fue Maestro de Escuela y Practicante (Ayudante Técnico Sanitario) de este pueblo y uno de los primeros en llegar a Novelda del Guadiana.
Por el relato tan realista de esa época, sus curiosidades y anécdotas, por formar parte de la historia de este pueblo, lo publíco en la WWW.
Va por él y por todos los emigrantes de Novelda del Guadiana:
"Se me pide cuente mis vivencias en el pueblo desde mi llegada a él en el año 1957.
Viene de un pueblo antiguo de la provincia de Toledo, donde ejercía de practicante y maestro propietario definitivo. ¿Que me motivó a solicitar una plaza en escuela de orientación agrícola del Plan Badajoz?.
Dos fueron los motivos principales: mi espíritu aventurero, que me impulsaba a probar la tarea que se podía desarrollar en mis dos profesiones en un pueblo que nacía, lo mismo que antes ese mismo impulso, me llevó a solicitar en otro pueblo toledano, el servicio de "maestros rurales motorizados", creado por aquella diputación provincial, consistente en el desplazamiento en moto del profesor a la salida de la sesión de la tarde de la escuela de régimen general, a un cortijo, donde se encontraba otros cuatro o cinco, para impartir clases a niños y adultos de ambos sexos. Además de este motivo de mi traslado a tierras extremeñas había otro, porque ocultarlo, el económico, el patronato de colonización, daba una asignación, que hoy sería ridículo hablar de su cuantía, pero que entonces era dinero, y yo me quería casar.
A mi llegada, me encontré con un pueblo sólo habitado una tercera parte de lo entonces construido, los restantes colonos fueron llegando en sucesivas expediciones procedentes de la escuela de formación agrícola, existente entonces a la salida de Badajoz por la carretera de Madrid, donde asistían a unos cursillos de capacitación agrícola, en su rama de regadío, ya que la mayoría procedía de secano a excepción de los capataces y algunos colonos procedentes de los regadíos de Alicante, Granada, Málaga, y Murcia, que acudían al señuelo de tierras vírgenes en el regadío y donde creyeron les iban a dejar imponer sus experiencias, y que al verse sometidos al plan general e ir al ritmo de aprendizaje práctico de la mayoría, pronto se largaron. Había una gran población flotante, que trabajaban en la construcción de las casas, canales, acequias, vías de comunicación, electrificación, alcantarillado, pavimentación, nivelación y parcelación de tierras. Era gente que trabajaba a destajo muy retribuida en aquellos tiempos, generalmente era gente joven, se alojaban en las dependencias de las casas en construcción y comían en plan de imperio en unos barracones de madera que había en donde hoy está el campo de fútbol, solía gastar lo pródigamente en la única diversión que existía, la bebida. No había televisión, tardó algunos años en venir al pueblo, recuerdo que los tres primeros televisores fueron el de Fátima, D. José el cura, que lo instaló en el salón parroquial, adonde iba la gente a verla, y la mía. Existían algunos transistores, recordemos que entonces no había fluido eléctrico, lo que así mismo motivaba el que tampoco hubiese cine y discoteca.
La carretera se mantuvo durante algunos años con la caja rellena de piedra pero sin asfaltar, lo que hacía que los únicos medios de desplazamiento que se podían emplear era el irse andando por la vía hasta el apeadero de Talavera a coger algunos de los pocos trenes correo que allí paraban en dirección a Badajoz o Montijo, o bien por los bordes de la antigua calzada romana, llamándose uno de polvo, más de un desplazamiento a Badajoz hice en la moto Lambreta, que entonces tenía, y más de una caída tuve también debido al mal estado de la calzada. Cuanto más tarde arreglaron la carretera, un tío de los Pardo vino con un coche, digno de figurar en un museo, el cuadro de mandos era de lo más parecido al más complicado de los aviones de las líneas aéreas, y con él hacía viajes a la estación de Talavera. Recuerdo que una noche que fui a la plaza a buscarle para que se llevase a mi padre que desde Mérida donde ejercía de médico había venido a verme, confundí un charco con una parte llana, tropecé y caí de bruces en él. Otra anécdota, con el mismo tema, fue otra vez que vino mi padre, al llevarle a la estación, todavía no teníamos coche de los Pardo, me dejó una yegua percherona el colono Alejandro Iglesias, y al regreso de la estación, ya de noche, la yegua se despertó y estuve algunas horas dando vueltas hasta que al fin logré orientarme y dar con el pueblo.
Las calles no solían estar asfaltadas, sino que eran una pura zanja, para la instalación del alcantarillado, y que resultaban francamente peligrosas en noches cerradas, y que yo resolvía con una potente linterna, unas botas altas y un pantalón de pana.
Cuando se terminaron las viviendas todavía no había luz eléctrica ni agua corriente en las mismas, a por el agua se iba con cántaros a un pozo que había en la Plaza del Agua o a otros dos, que para las obras hicieron en casas de obreros, o bien pagando el cántaro a peseta a un obrero que con su burro la repartía por las calles. El alumbrado era con carburos, que cuando se hacía uso del pañuelo se convertía este de blanco en negro, del humo que desprendía.
A la venida de la luz y el agua a las viviendas, ocurrieron cosas graciosísimas, como en una casa, donde al no salir agua por los grifos y si por las baldosas del recibidor, al levantar éstas se encontraron con que sólo había un trozo de cañería a la entrada de la vivienda y otro trozo que sujetaba los grifos. Lo mismo me ocurrió a mí al intentar instalar un enchufe en la cochera, sólo encontré dos trozos de cable uno en la llave y otro en la bombilla.
La educación en el pueblo era atendida por cuatro profesores, las escuelas eran unitarias, es decir un profesor atendía a todos los niveles de la entonces Enseñanza Primaria, no existía coeducación, había escuelas de niños y de niñas; debido a que la población entre fija y flotante era bastante numerosa, gente joven y de mediana edad, cargados de hijos, entonces no se conocía la planificación familiar, y ésta era de las pocas distracciones que existía, era bastante frecuente la familia de ocho y diez hijos, lo que daba un censo escolar muy numeroso, porque la relación aula alumno era hasta 54 alumnos por profesor, como hay en la orla de mis primeros alumnos en el curso escolar 57-58, lo que nos obligaba a tenerlos sentados hasta en las poyatas de las ventanas. Años más tarde se abrieron dos nuevas escuelas.
Había un gran interés entre la juventud y las personas mayores por aprender, y en las clases de alfabetización que se impartían a la luz de unos "petromas", abundaba entre el alumnado muy numeroso, la gente adulta; por la confección del censo y los resultados obtenidos fuimos premiados por el entonces inspector jefe D. Antonio Zoido. Aparte de esto yo tenía dos clases nocturnas de adultos, con treinta alumnos cada una en las que demostraban un gran interés por adquirir conocimientos, al regreso de su trabajo en el campo.
Ya hace unos cursos que tengo algunos hijos de los primeros que tuve en las clases diurnas y nocturnas.
Anexo a la escuela, ha existido una mutualidad y un Coto Escolar, de la primera he sido Director desde su constitución en el año 1957, y de la segunda a los dos años, al ser elegido por votación por la Junta de gobierno del mismo, a la marcha, por traslado de su Maestro-Director. Hay constancia en los archivos de ambas instituciones, de la concesión de Organismos tales como el Instituto Nacional de Previsión (Mutualidades y Cortos Escolares), y la Cámara Oficial Agraria, de siete premios en otros tantos años, por la destacada actuación de ambas instituciones entre las constituidas en la provincia.
Entre otras cosas a destacar por la captación de estas entidades se encuentra la excursión escolar de fin de curso en el año 1974, a Huelva y los lugares colombinos de Puerto de Palos y Monasterio de la Rábida, en dos grandes autocares, y que fue un gran día, donde la muchacha disfrutó de lo lindo, viendo por primera vez el mar, y escuchando la lección ocasional, sobre el punto de partida de sus antecesores los descubridores extremeños.
Como Practicante he asistido a una enorme transformación de la asistencia sanitaria, que si todavía no es la ideal, si está a muchos años luz de la de aquellos años. No existía la distocia social los partos se asistía en el pueblo, con una asepsia que dejaba mucho que desear y a la luz de un candil, cuando el parto era nocturno, en estas condiciones hube de asistir de un parto generar y prematuro a la señora de Rubio, el encargado de los sementales. El médico Don Antonio Cedran, al principio se desplazaba desde Guadiana, era el único que había para seis pueblos, más tarde venía de forma más regular D. Francisco Botet que lo hacía desde Pueblonuevo del Guadiana. Hemos resuelto emergencias, con procedimientos de los más rústicos y primitivos, como por ejemplo un lavado de estómago, en un intento de envenenamiento con "mataxisto", entre el médico Don José Alexandro y yo valiéndonos para ello de un irrigador, una goma y un embudo; goteros con una caña atada al cabezal de la cama; extracciones de uñas o puntos de sutura, realizados en cirugía menor, usando una anestesia local, el morder un pañuelo y el "aguantaformo".
Además de las propias de mis profesiones como Maestro de Escuela y Practicante tengo otras muchas vivencias, por ejemplo como Delegado de la Juventud, con un Hogar Juvenil, al que se dotó de los medios audiovisuales que entonces existían, y se decoró en rústico con: cantareras, perchas confeccionadas con yugos y herraduras, lámparas de ruedas carros, asientos con esterillas de esparto, alforjas, cuernos de los usados para portar el gazpacho, mostradores y zócalos de troncos, etc. un conjunto que motivó el que fuese nombrado Hogar modelo de la zona durante cinco años, en él no se habla de política, se daban conferencias culturales, se jugaban partidas de dominó, se organizaban bailes juveniles amenizados por el tocadiscos, se leía la prensa, preferentemente la deportiva, y se veía la televisión al calorcito de la chimenea baja, y se hablaba de deporte, pues allí estaba la sede del Club Deportivo Novelda, con todo ello se apartaba a la juventud del ambiente poco grato que entonces tenían los bares, única distracción existente.
Como Secretario del Club Deportivo Novelda, más tarde Club Polideportivo Novelda, durante quince años con: Benito, Narváez, Manuel Pérez y Rafa entre otros como Presidentes, he pasado ratos muy agradables y otros que no lo fueron tanto, pero los primeros compensan con creces a los segundos. En los trofeos de colonización entre los poblados de Vegas Altas y Vegas Bajas, éramos uno de los "gallitos" y con Valdelacalzada y Pueblonuevo del Guadiana todas las temporadas nos disputábamos el Campeonato y Subcampeonato. Más tarde, ya en categoría nacional, en la entonces Segunda Regional Preferente, no olvidemos que en nuestro grupo jugaban equipos que hoy lo hacen en Tercera División, como el Pueblonuevo del Guadiana, Puebla Patria, Sanvicenteño y Montijo, por cierto que el año que este último equipo dio el salto de nuestra categoría, fuimos el único equipo que le "aguó" aquel año el paseo triunfal, logrando batirle en nuestra casa y empatarle en la suya.
Los colores verdiblancos se eligieron en una Junta de la Directiva, se propusieron varias equipaciones y resultó elegida la propuesta por mí, eran los colores del Club Deportivo Toledo, del que yo había sido socio durante muchos años, la equitación para cuando incidían los colores era la del "Atlético".
El fútbol en novela tuvo sus inicios en el patio de mi escuela, con unas porterías que me hizo Agustín, el herrero, de allí salieron: los Becerra Antonio y Fernando, los De la Torre, Nene, Bobi y Faes; los Cuenda, Antonio y Pablo; los Pajarillos, Luis y Rafa; los Serrano, Lichi y Juan; su primo Herminio, Sayago, Pizarro, Pérez, Inocente, Barragán, Belmonte, Merino, Ortiz, Aznar, Yerga, Vargas y otros, que lamento no recordar en este momento, más tarde jugamos en la era, hasta que por fin en septiembre del 71 constituimos una comisión: el Cura Párroco, el Alcalde y yo, y solicitamos, del entonces Instituto Nacional de Colonización, la cesión de un terreno para la construcción de un Polideportivo, consiguiendo la cesión en precario estado, con ciertas premisas, del terreno solicitado, y nos lanzamos a la aventura de lo que no dudo en calificar "el milagro de Novelda", la construcción del Campo "La Arboleda", en un núcleo de población de 800 habitantes, ya había empezado la emigración a las zonas industriales. Con aquella magnífica directiva: Benito, Santos, Francisco, Trejo y Nicolás, nos pusimos manos a la obra, también nos prestaron su valiosa cooperación el Perito D. Ramón, Manuel Pérez, Pardo, Tinoco, Cuenda y Estirado, entre otros; y con 30.000 ptas., que tras laboriosas gestiones conseguí arrancar a la Federación Extremeña en dos aportaciones, 15.000 ptas. que a fondo perdido dimos al Hogar Juvenil, de común acuerdo los que entonces colaboraban conmigo en aquella entidad, más 16.000 de aportación del pueblo, de las que posteriormente se reintegró un 50%. Ese dinero se empleó en materiales y su transporte, pues la nivelación del terreno, cerramiento del campo, vestuarios, servicios, etc. se hizo con aportación gratuita, unos cuantos albañiles, Emilio, Pardo, Orosa, etc. levantando las paredes, y los demás haciendo los peones. Hasta lograr terminar un campo, que hoy con el terreno y lo en él construido rebasa a los 2 millones de pesetas.
En él entre otros muchos acontecimientos, se celebro hasta un partido internacional con el Levas, con las banderas e himnos de España y Portugal. Los directivos de aquel entonces, éramos cinco, y pagábamos a fondo perdido a principio de cada temporada, de nuestros bolsillos, 5.000 ptas. que había que depositar en la Federación. De la misma forma hicimos la instalación de los focos de iluminación del Campo, y ese hombre, todo humanidad y entrega, me estoy refiriendo a Juan Díaz Trejo, sufragó la instalación de las duchas y calentador de los vestuarios. El transporte de los jugadores, ya que no había autobuses de seguidores, lo hacíamos en nuestros coches, y cuando el desplazamiento era largo, Jerez de los Caballeros, San Vicente, etc., en un restaurante del trayecto invitábamos a los jugadores a unos bocadillos, al final de temporada les obsequiábamos con una caldereta. Los festivos que no teníamos partido oficial, teníamos que organizar uno amistoso, para recaudar fondos para hacer frente a los gastos de arbitraje, equipación, etc. No sé como mi mujer aguantó tanto durante tantos años.
Ya en categoría regional reforzamos el equipo, con un magnífico plantel de muchachos, que eran tan excelentes personas como futbolistas, y que por amistad con Trejo y conmigo, accedieron a jugar en el Novelda, y que sudaron la camiseta defendiendo los colores verdiblancos tanto como los del pueblo, entre otros estaban: Madriles y Montesinos de Gévora, Emilio de Sagrajas, y los Peña, Cortizo, Paquito, Benítez, Lara, Juan Luis, Loren, Camino, Pache, Cáceres, Pacheco, y otros, todos ellos de Badajoz, con los de casa nombrados anteriormente, formaron los equipos de distintas temporadas, siempre se alineaba como mínimo de un 60 a un 80% con jugadores locales, unos y otros formaban un compacto grupo en el que reinaba un gran compañerismo.
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Como secretario de la Junta de cultura, cargo que desempeñaba por ser el maestro más antiguo en el escalafón y en el pueblo, junto con el resto de la Junta organizábamos actos de tipo cultural tales como conferencias, y nos encargábamos de programar y organizar los festejos en honor de San Isidro Labrador, Patrón de Novelda del Guadiana, con los que además de la Misa Mayor y la Procesión, se organizaban carreras de caballos y mulas, de cintas, chocolate a la ciega, etc., concursos de carretas y caballos enjaezados, verbenas, etc., ello se hacía con el dinero del arriendo de los pastos de la era, que el Perito como presidente de la Junta donaba a esta.
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Son tantas las cosas que he vivido y compartido con vosotros a lo largo de estos casi treinta años, que resulta muy difícil el resumirlos. Lo que sí creo que se ha conseguido a través de estas dos hermosas profesiones mías, enseñar o formar al que lo necesita, y ayudar o colaborar, con el médico y las medicinas a mejorar al enfermo, o al menos mitigar su dolor, y como creo haberlo hecho con entrega, nos hemos conocido bien, a vuestros hijos en la escuela, y a vosotros en vuestras casas, cuantas veces me he tomado con vosotros, al ir a inyectaros, el vasito con la tapa, que con tanto afecto me ofrecíais.
Uno de los más gratos recuerdos que conservo de Magisterio, fue cuando al ir un verano a Toledo con la familia, en el hostal "El Cazador" de Maqueda un antiguo alumno, Pedro González, "el Quinto", que hacía bastantes años se había ido a trabajar a Barcelona y venía a pasar un mes con la familia, al reconocerme empezó a llamarme a voces, Don Luis, Don Luis, y a darme abrazos ante la expectación de los que encontraban en la terraza. O Inocencio, ya casado y con hijos cuando en uno de sus viajes desde Barcelona, traía a su antiguo profesor un banderín de mi "Atleti", como él decía, y que expresamente lo había hecho para mí.
La satisfacción del Voto de Gracias concedido por la Inspección de EGB y la Felicitación de la Directiva del Colegio Provincial de ATS por mi actuación, en ausencia del médico, en la evacuación de los quemados en el incendio del año 70 en la casa de la familia Fátima, y que fue motivo de que se me hiciera una mención especial en el programa de la Cadena Ser, "Los Formidables".
La placa entregada por los compañeros de Directiva, entrenador y jugadores del C.D. Novelda, en la Cena Homenaje, que me dieron en mi despedida.
El que por un artículo mío en le "HOY", suprimiesen al poco tiempo de publicado, la doble curva en ángulo recto y sin visibilidad, por los sifones del canalizo, existentes las parcelas de Cuenda y Miguel "El Pintao" y que estaba declarada punto negro, y de la que en varias ocasiones tuve que suturar a los heridos de los accidentes allí producidos, que me traían a casa la Guardia Civil de Tráfico, recuerdo que una vez asistí a unos familiares de Sevilla, de Velo, el de Gévora.
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